lunes, 9 de diciembre de 2013

Voyage, voyage

Viajar nos hace crecer. Pero las cuestiones que rodean a los viajes son dignas de llamar nuestra atención. Los aeropuertos por ejemplo. Como las películas o los libros, en pocos minutos nos hacen pasar de la alegría a la tristeza, de la ansiedad al miedo, de la confianza a lo conocido a la incertidumbre de lo que vendrá. Son el punto de partida de muchos sueños largamente esperados, y el punto de llegada cuando ese anhelo fue alcanzado.
Este post trata sobre curiosidades propias y ajenas, consejos y cábalas a la hora de comenzar nuestra aventura.
SIEMPRE llevate algo para leer para el vuelo
Está claro que, aunque volar sea la forma más rápida que existe para llegar desde un punto A a un punto B, las horas de espera entre esos dos puntos suelen ser varias. Sentarte a esperar en la puerta de embarque y darte cuenta que a tu celular o tablet o notebook le queda solo el 20% de batería, es una situación desesperante.
Atesoraremos cada segundo que nuestro dispositivo siga con vida, pero tarde o temprano, nos abandonará dejándonos en la soledad misma. Es por ello que siempre es conveniente tener un buen libro a mano. Con él podremos entretenernos hasta que nuestra propia batería interna diga basta, y decidamos descansar. Jamás, jamás, JAMAS substituyan el libro con la revista que nos da la aerolínea, no existe nada más aburrido que leer una y otra vez lo mismo en un vuelo de 14 horas de Buenos Aires a Madrid.

¿Pensás dormir dentro del avión? ¡¡¡Pufff olvidate!!
Tarea casi imposible para mi persona. En el supuesto caso que tengas la suerte que no te toque ningún niño/a detrás de tu asiento que te este pateando el asiento las 10 horas que durará el vuelo, que te toque un aficionado a la lectura que se rehúsa a apagar la luz o un cinéfilo que decide ver por decimocuarta vez Toy Story 2, aún así, conciliar el sueño es difícil. El molesto ruido de los motores, la incomodidad del respaldo y el prácticamente nulo espacio entre los asientos son obstáculos constantes. 

Mis consejos, comprar:
  • unos tapones para los oídos

 
Son realmente molestos.


  • una de esas almohadillas inflables
Vienen kits completos.

  • un antifaz para los ojos 

  • y tratar de pensar en lo bien que lo estaremos pasando en unas horas cuando lleguemos a nuestro destino.

Ahora me pregunto, ¿porqué la fila antes de embarcar?
Nunca lo voy a comprender, no importa cuantas veces traten de explicármelo. Al llegar a la puerta de embarque y con media hora en el reloj para que éste empiece, la gente comienza a formar una cola. Como si entráramos a ver el estreno de una ansiada película taquillera de Hollywood, con asientos sin numerar y localidades agotadas, los individuos prefieren estar parados media hora, antes que relajarse sentados leyendo algún libro.

Señores y Señoras, los asientos están numerados. Pero no, ellos prefiere tener la seguridad de ser los primeros en entrar al avión. ¿No saben que en los embarques, las aeromozas llaman siempre primero a aquellos asientos de atrás para embarcar de manera ágil y rápida? NO, NO LO SABEN.
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Las cábalas del vuelo
Admito que aunque me fascina volar, con muchos viajes encima y algunas turbulencias que me han asustado, me he vuelto cabulero para repetir el éxito de los mejores vuelos. En todo embarque, así este solo o acompañado, hago toda una ceremonia cuya única función es dejarme más tranquilo y bajar mi ansiedad.
         I.            La primera instancia se da al recorrer la manga cuando llego a la aeronave. En el momento que traspaso la puerta de entrada, con mi mano derecha apoyada en la aeronave, pienso para mi interior “Por favor, llévame a destino”. Luego, sin pausa pero sin prisa, recorro el pasillo hasta encontrar mi asiento. Mi predilecto y de confianza es el 17A, ubicado metros atrás de una de las alas, al menos en los vuelos que me llevan de Buenos Aires a Tucumán.
       II.            Una vez ubicado en mi asiento, corro la perilla de la mesita que tengo delante de mí, la despliego y la vuelvo a poner en su posición original. Aquellos que hayan visto la película “Destino Final I”, y los que no la vieron, vean: 
Por esa simple y estúpida razón siempre que me siento, giro la perilla. Hasta el momento, en ninguno de mis viajes se salió, y realmente no quiero imaginar lo que haría si llegase a pasar.
     III.            El último paso, y por último, no menos importante, es leer minuciosamente las instrucciones en caso de accidente. Saco la hoja plastificada que tengo en el compartimiento delante, y aunque ya las haya leído infinidad de veces, las vuelvo a recorrer en detalle.
Con el procedimiento llegando a su fin, me abrocho el cinturón de seguridad, presto atención a las aeromozas al momento de detallar las medidas de seguridad y las salidas de emergencia, y aunque no lo crean, mi ansiedad disminuye hasta sentirme tranquilo, confiado de que llegaré sano y salvo a mi destino.

Si no podés volar físicamente, como dice la canción: vuela vuela con tu imaginación..volando encontrarás un mundo nuevo...


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